Sueño y atrofia cerebral

Sueño y atrofia cerebral

El no estar muy despierto de día ni muy dormido de noche genera atrofia cerebral aun en personas normales. Parece obvio, pero las presiones sociales nos contraponen con la naturaleza: nos dormimos más tarde y nos despertamos más cansados.

El cansancio viejo y sus consecuencias

Vivimos el día con lo que nos queda de fuerzas y, en la noche, el sueño que apenas logramos tiene poca profundidad. Nuestra energía se aplana, mengua poco a poco con cada noche de mal dormir; el cansancio se acumula y se hace viejo, estrés crónico. Con las fuerzas del día ya comprometidas, las ganas de tener actividad física y sexual, y la curiosidad por experimentar cosas nuevas e interesantes, son pocas.

Esto condiciona la atrofia cerebral, específicamente de la corteza cerebral y, como consecuencia, pérdida de la memoria, de la capacidad para resolver problemas y de vivir la vida con entusiasmo.

El ritmo de la vida

Estamos hechos para seguir el ritmo del planeta, el giro que determina el día y la noche. Así es cómo el Sistema Nervioso Autónomo gobierna nuestro cuerpo, haciendo que estemos dormidos de noche y despiertos de día. Pero el proceso del sueño depende de cómo vivamos el día y, a su vez, el día depende de cómo durmamos durante la noche. La alternancia del sueño y la vigilia, del día y la noche determina así el ritmo de nuestra vida.

La actividad física y la sexual, la risa, las emociones, el aprendizaje, son expresiones de un alto grado de vigilia y del buen funcionamiento del cuerpo y del cerebro. Estamos hechos para el movimiento, así que el hecho de que no tengamos actividad corporal, nos hace protagonistas de una vida plana.

Y no se trata de ir a un gym una hora diaria, ya que esto no compensa el estado de sedentarismo sostenido durante el resto del día. Hay que mantener una actividad física al menos moderada durante distintos momentos de todo el día. Esto además de la actividad deportiva o ejercicios físicos durante unos 45 minutos tres o cuatro veces a la semana.

La necesidad de un sueño reparador

Los mecanismos que ocurren durante el sueño son extremadamente activos. Mientras dormimos se liberan hormonas y tiene lugar la reparación del cuerpo y de los núcleos que dan fuerza al cerebro para razonar. Durante el sueño no razonamos, se apaga el núcleo que genera la razón, pero el cerebro se mantiene muy activo asentando la memoria, filtrando la información que recordaremos y la que no, ajustando las emociones que hemos vivido durante el día.

En conclusión: el sueño debe ser reparador. Dormir es la manera de mantener la estabilidad emocional, la memoria, el aprendizaje, la plasticidad cerebral y la adaptación para que al día siguiente tengamos todo lo necesario para vivir un día parecido al anterior.