Miastenia gravis (3/6): Tratamiento, la opción de la neurofarmacología clínica

Miastenia gravis (3/6): Tratamiento, la opción de la neurofarmacología clínica

Como vimos en el artículo anterior, hasta ahora el tratamiento de la miastenia gravis parece medieval. Entre otras razones ocurre así porque el enfoque terapéutico está dirigido al aumento de la fuerza muscular y no a la causa de la debilidad; Asimismo, porque que la miastenia gravis tiene múltiples formas de presentación e intensidad. Por otra parte, no existe un único producto capaz de resolver la causa y las consecuencias de la miastenia gravis y, por consiguiente, se suelen aplicar al mismo tiempo varios medicamentos y, la evaluación en conjunto de la acción de los mismos es de gran dificultad. De esta forma, el estudio de diseños terapéuticos resulta una tarea ardua.

 

El enfoque terapéutico individual

El enfoque terapéutico que como practicante de la neurofarmacología clínica ofrezco a los pacientes con miastenia gravis es imposible de “enlatar”. La individualización del tratamiento y el uso de las herramientas terapéuticas de acuerdo con las características de cada paciente es imprescindible. No es del todo exagerado afirmar que hay tantos tratamientos como pacientes de miastenia gravis.

Una de las razones para ello es que dicho tratamiento se implementa por etapas, ajustando las dosis de medicamentos de acuerdo con la respuesta del paciente y sus síntomas originales. A ello se suma que cada medicamento del enfoque terapéutico tiene un determinado efecto al inicio, y que este efecto va cambiando progresivamente al tiempo que se produce la mejoría. Si he logrado éxito con diseños terapéuticos eficientes se debe a la estrecha comunicación con mis pacientes y al permanente soporte que se les brinda.

 

La sustitución progresiva del tratamiento convencional

Uno de los objetivos es la disminución de la medicación que suele indicarse a quienes padecen la miastenia gravis. Ahora bien, con cada mínima disminución de la dosis del tratamiento que el paciente viene tomando, ocurre una transitoria disminución de la fuerza muscular, para que luego el paciente se encuentre gozando de la misma fuerza anterior pero con menos dosis de tratamiento. Es incluso posible la disminución de los esteroides progresivamente hasta su suspensión total, aunque ello representa una tarea titánica.

Alcanzar este objetivo es todo un desafío, dado el apego a la medicación que tienen los pacientes de miastenia gravis. Pero ello es comprensible, ya que cuando inician la enfermedad, el efecto de este tratamiento suele ser espectacular dada la inmediata recuperación de la fuerza muscular, del síntoma, aunque no de su causa. Esta medicación representa, pues, su “salvavidas”, aun cuando su efecto inicial haya disminuido y haya tenido que aumentar la dosis.

Los pacientes más afectados por la miastenia gravis, ya sea por los años padeciendo sus síntomas, por las altas dosis de Mestinon, por los efectos colaterales de los esteroides, por haber sido sometidos a timectomía sin mejoría alguna o por circunstancias individuales, pueden beneficiarse del uso de gammaglobulinas.

Luego de ajustes progresivos al diseño terapéutico (sobre el cual profundizaremos en nuestro próximo artículo) y de haber logrado disminuir la medicación convencional al mínimo, el paciente estará mucho más estable, protegido y con menos probabilidades de presentar una crisis. Su calidad de vida habrá mejorado considerablemente y su perspectiva a futuro será mucho más halagadora, pues no son pocos los pacientes que han dejado por completo la medicación o la toman esporádicamente.