Miastenia gravis (2/6): El tratamiento convencional y sus efectos colaterales

Miastenia gravis (2/6): El tratamiento convencional y sus efectos colaterales

Falso es el postulado que dice que la medicación normalmente usada para la miastenia gravis es imprescindible y que los pacientes dependerán de ella para el resto de sus vidas. Esta creencia tiene su origen en el desconocimiento profundo que tienen los médicos con respecto a esta exótica enfermedad. Debido a tal desconocimiento, los pacientes suelen atravesar dificultades para ser diagnosticados y, una vez alcanzado el diagnóstico correcto e iniciado el tratamiento, pueden surgir múltiples complicaciones derivadas del mismo. Los médicos llegan incluso a aconsejar a sus pacientes drásticos cambios de vida, tales como dejar los estudios o el trabajo y resignarse a la invalidez fluctuante.

 

Qué esperar del Mestinon

Los pacientes creen que el Mestinon es el medicamento que los cura, pero en realidad solo les ayuda a superar por poco tiempo el síntoma de la debilidad. Los médicos les han dicho que deben consumir el Mestinon (que requiere ser tomado cada cuatro horas) por el resto de sus existencias. Les han asegurado, en fin, que su vida depende del Mestinon. Nada más lejos de la realidad.

Si bien este medicamento recupera la fuerza muscular, también trae complicaciones. Luego de usarlo por varios años, agrava el daño en la unión entre nervio y músculo, por lo que se requiere un incremento progresivo de su dosis, dando lugar entonces a múltiples efectos colaterales: la hipotensión (que también se interpreta falsamente como debilidad muscular), gastritis, calambres y trastornos del sueño, entre muchos otros. De esta forma, el mantenimiento de este tratamiento implica lapidar el futuro del paciente e impedir su evolución a una mejor condición.

 

Otros tratamientos habituales

El estudio de los procesos que dan lugar a la miastenia gravis señala a la inmunidad como su causante, es una de las enfermedades autoinmunes por lo que se ha recurrido, como estrategia terapéutica, a la inmunosupresión, a la desactivación por esteroides o a una quimioterapia “suave”. También se ha intentado lavar el plasma o administrar sustancias como las gammaglobulinas, que desactivan los productos de la inmunidad, con resultados variables. Incluso intervenciones más invasivas, como el retiro de una glándula llamada timo ubicada en el tórax (timectomía), están mal sustentadas y son acciones desesperadas. Los estudios a largo plazo de las consecuencias de tal intervención no son nada halagadores.

Los esteroides son usados con frecuencia por su efecto beneficioso al inicio del tratamiento. Sin embargo, a falta de un enfoque dirigido a atender factores causales de la enfermedad, su uso se perpetúa llegando a ser requeridos en dosis crecientes. Esto produce efectos colaterales y un deterioro mayor de la condición del paciente. Lo hacen presa fácil de infecciones, generan disminución de masa muscular (ya de por sí debilitada) y hacen imposible la supresión de su administración, ya que el cuerpo pierde la capacidad de producir el esteroide natural por atrofia de las glándulas suprarrenales, es decir, ocasionan insuficiencia suprarrenal.

 

Hay una opción distinta

Actualmente existen acercamientos terapéuticos mucho más fisiológicos, de efecto natural y congruente con las causas que originan y mantienen la afección. Se trata de una nueva visión y enfoque terapético a la miastenia gravis que describiré y ampliaré en esta serie de artículos y en los videos que la acompañan.