El diseño terapéutico: una respuesta a las enfermedades “huérfanas”

El diseño terapéutico: una respuesta a las enfermedades “huérfanas”

Diseño Terapéutico, Sistema Nervioso Autónomo

[vc_row][vc_column][vc_column_text]Lo importante de un medicamento es el efecto que produce y no si su origen es natural o químico. El efecto debe ir en sintonía con los procesos y mecanismos naturales del organismo, de lo contrario su empleo es un camino sin futuro, contranatural, aunque por su procedencia sea o no natural. [social_share style=”bar” align=”horizontal” heading_align=”inline” text=”” heading=”” facebook=”1″ twitter=”1″ google_plus=”1″ linkedin=”1″ pinterest=”1″ link=”” /]Para ello no existe una “buena” pastilla: existe un diseño terapéutico.

Diariamente recibo pacientes con enfermedades a las que suelo llamar “raras” o “huérfanas”. Se trata de condiciones de salud que, por su naturaleza o su baja frecuencia, son dejadas de lado por los laboratorios farmacéuticos debido a su baja rentabilidad. Estas enfermedades suelen ser tratadas con muchos esquemas terapéuticos, porque un solo medicamento no suele ser lo suficientemente eficiente. Por lo general, cuando un paciente presenta una afección de este tipo (como la fibromialgia, la migraña, los trastornos del sueño, la miastenia gravis, la neurodermatosis, las rinosinusitis alérgicas o vasomotoras, etc.) es “bombardeado” con medicamentos que solo calman las crisis. Tiempo después, el desenlace de esta situación suele ser la resignación del paciente (aquejado por los efectos secundarios y sin lograr una franca mejoría), del médico o de ambos. Al tratar problemas entre los que se incluyen el déficit de atención, los trastornos del sueño, la adicción a tranquilizantes y pastillas “para dormir” y algunos problemas inmunológicos (como los relacionados con alergias), entre otros tantos, la hiperespecializada medicina moderna se encuentra ante resultados desalentadores.

El enfoque personalizado

Cuando llegan a mi consulta, quienes padecen estas molestias tienden a asombrarse al ver que la conversación no solo gira en torno a su enfermedad, sino también en torno a temas más generales relacionados con su vida, sus emociones y sus exigencias cotidianas. Toda esta información nos brinda una idea más clara de sus condiciones de salud y, por encima de todo, de su individualidad.

Esta información permite conocer a lo que el paciente está sometido en su vida diaria, y permite también determinar características del funcionamiento de su Sistema Nervioso Autonomo (SNA).

Es en el enfoque personalizado y en la consideración de los matices y condiciones particulares de cada paciente donde radica el éxito del diseño terapéutico, ya que este arranca con la comprensión, más allá de las estadísticas, de la complejidad del paciente por parte del terapeuta. La clave del diseño terapéutico está en saber integrar asertivamente la información médica (los síntomas y signos que el paciente presenta) con la manera en que se desempeña su SNA. Esto es posible integrando los conocimientos de las ciencias básicas (tales como neurofarmacología, neuroquímica, neuroinmunología, neuroendocrinología, farmacología, circuitos cerebrales) con la medicina interna. De ese modo, el diseño terapéutico se convierte en una herramienta altamente eficiente de la medicina interna.

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